
¿Cómo los chilenos no íbamos a tener un Pulitzer? Siempre me cuestioné esta interrogante. Si tenemos dos premios Nóbel de literatura, me parecía extraño que en más de 20 años no apareciera ninguna lumbrera que destacara por su escritura. Atrás quedaron los Neruda, los Parra y la Mistral; pero ahora tenemos una Elliott, apellido digno de representarnos como la única chilena que ha logrado obtener dicho galardón del periodismo mundial.
Pero esto no nos tiene que sorprender para nada. El dicho popular dice que siempre tiene que haber un chileno entrometido en todo orden de cosas. Si refrescamos un poco la memoria, son varias las aristas que podremos escudriñar para localizar coterráneos que han hecho noticia a nivel mundial.
Como no mencionar el glorioso logro del “Chupete” Suazo, actual goleador del mundo y sus alrededores. Mención honrosa merece recibir Maria Grasso, la nana millonaria que ganó el mayor premio de la lotería en Estados Unidos, donde obtuvo el suculento pozo de setenta millones de dólares. Como olvidar a Ana Scolavino, la nana de Naomi Campbell, que la obligó a trapear más metros de los que jamás piso en una pasarela. Sin ir más lejos, recordemos que fue un chileno el que burló todos los sistemas de seguridad del Vaticano y logró poner una bandera en las rodillas de Benedicto XVI, cuestión no menor si no hubiera sido por la ayuda de Dios. Pero lo que no puede olvidarse nunca es que los chilenos creamos la octava maravilla del mundo. Así es señores o me van a decir que el archireconocido robot ARTURITO, no merece tamaña distinción.
Lo mejor de todo es que todos estos personajes son CHILENOS, y si son chilenos son “güenos”. Por esta razón y muchas otras más nos merecíamos un Pulitzer, ya que era lo único que nos faltaba señores.
Lo único lamentable de éste magno acontecimiento es que como siempre ocurre en nuestras latitudes, la periodista volverá a Chile como una gran estrella y le tocará sufrir el pago de Chile, algo típicamente chileno.
Pero esto no nos tiene que sorprender para nada. El dicho popular dice que siempre tiene que haber un chileno entrometido en todo orden de cosas. Si refrescamos un poco la memoria, son varias las aristas que podremos escudriñar para localizar coterráneos que han hecho noticia a nivel mundial.
Como no mencionar el glorioso logro del “Chupete” Suazo, actual goleador del mundo y sus alrededores. Mención honrosa merece recibir Maria Grasso, la nana millonaria que ganó el mayor premio de la lotería en Estados Unidos, donde obtuvo el suculento pozo de setenta millones de dólares. Como olvidar a Ana Scolavino, la nana de Naomi Campbell, que la obligó a trapear más metros de los que jamás piso en una pasarela. Sin ir más lejos, recordemos que fue un chileno el que burló todos los sistemas de seguridad del Vaticano y logró poner una bandera en las rodillas de Benedicto XVI, cuestión no menor si no hubiera sido por la ayuda de Dios. Pero lo que no puede olvidarse nunca es que los chilenos creamos la octava maravilla del mundo. Así es señores o me van a decir que el archireconocido robot ARTURITO, no merece tamaña distinción.
Lo mejor de todo es que todos estos personajes son CHILENOS, y si son chilenos son “güenos”. Por esta razón y muchas otras más nos merecíamos un Pulitzer, ya que era lo único que nos faltaba señores.
Lo único lamentable de éste magno acontecimiento es que como siempre ocurre en nuestras latitudes, la periodista volverá a Chile como una gran estrella y le tocará sufrir el pago de Chile, algo típicamente chileno.
