
En una gélida y oscura ciudad de la vieja Unión Soviética, Dimitri Zarkov presenciaba como semana a semana los resultados de la guerra fría violentaban a sus camaradas. No había cumplido los 10 años cuando ya soñaba con defender a su país del régimen imperialista que comenzaba a tomar gran fuerza de la mano del capitalismo norteamericano.
Su padre, un acérrimo seguidor de Stalin le enseñó todo lo que un joven soviético de su edad debía saber. Luchar contra el imperialismo, defender a muerte a sus camaradas y leer a su autor favorito, Fedor Dostoievsky. Sin embargo, Dimitri no estaba interesado en las letras del escritor ruso y menos en pasar tardes enteras escuchando a su progenitor quejarse por la falta de comida que había en su hogar.
Acostumbrado a escuchar historias de informantes, espías y agentes secretos, Zarkov, junto a un grupo de amigos decidió enrolarse a espaldas de su padre en la juventud de la KGB, organización secreta dedicada a interceptar llamadas, provocar atentados explosivos y secuestrar a los traidores del régimen para torturarlos y así sacarles valiosa información. Sin embargo, su estadía no fue nada de fácil, ya que debió sortear fuertes entrenamientos para lograr ser un miembro oficial de la KGB.
Cuando ya había cumplido varias misiones menores, Zarkov recibió la orden más difícil de su vida. Le informaron que su padre, supuestamente, era un traidor a la patria por estar ligado a un espía norteamericano que el servicio ya tenía identificado. Cuando se enteró de la noticia, el joven agente no lograba comprender como su padre; quien le enseñara a apreciar los valores patrios, mantuviera relaciones con agentes secretos de la CIA.
Los días siguientes para Zarkov no fueron fáciles. Pasó tardes enteras en su departamento privado bebiendo Vodka y fumando cuanto cigarrillo pasara por sus manos. Se cuestionaba una y otra vez aquella terrible información que había recibido. Sin embargo, tal como le había inculcado su padre entró en razón y decidió llevar a cabo su trabajo de la mejor manera posible. Fue así como dejando de lado los personalismos, se vistió con su clásico smoking negro y se marchó raudamente a la oficina donde lo esperaba, Igor Vasaiev, el general de la misión.
Vasaiev, conocedor de la historia de Zarkov, le mencionó sutilmente que debía preparar su armamento en caso de cualquier acontecimiento extraño. Todo estaba listo. La hora exacta de la reunión entre Cindy Diamond, la espía norteamericana y Vladimir Zarkov, padre de Dimitri sería a las 4 de la tarde en el viejo muelle de Vladivostock.
Escondidos entre barcos pesqueros y gigantes grúas de carga se encontraban los 5 agentes de la KGB. Sin embargo, Dimitri decidió ubicarse un tanto alejado de la escena principal. No quiso entregarle motivos a su jefe directo, argumentándole que él sabía lo que hacía y que su entrenamiento lo facultaba. Sin mediar palabras, Vasaiev aceptó y se ubicó junto a los otros agentes.
El ambiente era muy tenso. Una densa neblina cubría el viejo muelle. Lo único que se escuchaba era el rompimiento de las olas en los requeríos cercanos. Algo raro percibía Dimitri en su interior. Él tenía una corazonada…
Cuando ya habían pasado más de veinte minutos de la hora establecida, algo comenzó a surgir en medio de la densa niebla. Era una figura femenina que venía caminando lentamente, como si supiera que algo fuera a ocurrir.
Dimitri, al no ver a su padre en la escena decidió poner las cosas en orden y entró directamente en la escena. La mujer con lágrimas en los ojos le dice que huya, que esto es una trampa. El joven agente, aún en shock, sacó su revólver para repeler el ataque, sin embargo, ya estaba rodeado y nada pudo hacer.
Finalmente, se supo que uno de aquellos amigos con los que había entrado a la juventud de la KGB, se había convertido en un espía del servicio secreto norteamericano, lo que resulto devastador para Dimitri, al saber que uno de sus camaradas lo había traicionado.
En la actualidad, Dimitri Zarkov, se encuentra desaparecido. Algunos dicen que la amistad primó y que fue dejado en libertad en alguna ciudad norteamericana, sin embargo, en la vieja Unión Soviética, aún se habla del viejo Dimitri Zarkov como uno de los más grandes agentes que ha tenido la KGB.
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